Por Qué los Gatos Necesitan un Rascador
Los gatos no llegan con manual de instrucciones. A veces, por mucho que nos esforcemos, su comportamiento no es todo lo “civilizado” que nos gustaría y el resultado se nota en los sofás, paredes o cortinas. En este artículo te ayudamos a entenderlos y a responder por qué los gatos necesitan un rascador…al menos.

Los gatos necesitan un rascador…y si no Lo tienen
Si tienes gato, seguro que alguna vez te has hecho esta pregunta:
¿de verdad necesita un rascador o es solo un “extra” para proteger el sofá?
La respuesta es clara, el rascado no es un capricho, es una necesidad básica felina. De hecho, el rascado es una necesidad etológica fundamental, es decir, forma parte de su naturaleza y es imprescindible para su bienestar físico y emocional.
Entender esto cambia por completo la forma en la que vemos el problema de los arañazos en casa.
El rascado no es rebeldía, es comunicación y bienestar
Muchos tutores interpretan que el gato araña por fastidiar o porque está “mal educado”. Nada más lejos de la realidad.
La conducta de rascado comienza alrededor de la quinta semana de vida del gatito. No es algo que aprendan en casa, ya viene de serie. No es más que una parte de su lenguaje natural.
Cuando un gato rasca, está haciendo varias cosas al mismo tiempo. Si, ¿te pensabas que solo estaba estropeándote la casa?

Primero, está marcando territorio. Al arañar una superficie deja una señal visual (las marcas) pero también una señal olfativa. Entre sus dedos tiene glándulas que liberan feromonas, una especie de “mensaje químico” que otros gatos pueden detectar.
Es su manera de decir: “Este lugar forma parte de mi territorio”.
Este lenguaje olfativo es muy importante en el mundo felino y animal en general. Permite que dos gatos intercambien información sin necesidad de encontrarse cara a cara. Es una forma elegante y silenciosa de organizar su espacio.

Además, el rascado tiene una función física. Después de dormir (y sabemos que duermen muchas horas), el gato se estira mientras rasca. Así tonifica la musculatura de la espalda y los hombros. Es su rutina de gimnasio diaria.

Y, por último, mantiene sus uñas en buen estado. Como animales cazadores, necesitan tenerlas fuertes y afiladas. En la naturaleza las usan para trepar, defenderse y atrapar presas. En casa ya no cazan ratones (normalmente), pero su instinto sigue intacto.
Por eso, cuando un gato rasca el sofá, en realidad no está “estropeando algo”, está haciendo exactamente lo que su biología le pide
.
Los gatos necesitan un rascador adecuado ¿y si no lo tienen?
Aquí viene el verdadero problema.
Si el rascado es una necesidad, el gato va a rascar sí o sí. La cuestión no es si lo hará, sino dónde.
Cuando no tiene un rascador que le resulte atractivo o está mal colocado, elegirá lo que tenga más a mano: sofás, marcos de puertas, alfombras o colchones. Y aquí es cuando llega el conflicto de convivencia.
Y hay algo importante que muchas veces se pasa por alto: si rasca siempre en el mismo sitio, no es casualidad. Ese lugar tiene un valor especial para él. Probablemente es una zona central de su territorio o un punto estratégico de paso.
Es como decir: “aquí estoy yo, que nadie invada mi territorio”
Yo me lo conozco bien dónde los gatos necesitan su rascador
Por mi experiencia, uno de los errores más frecuentes es esconder el rascador en una habitación secundaria “para que no moleste o quede feo”. Pero desde el punto de vista del gato, eso no tiene ningún sentido.
En la naturaleza, las marcas se hacen en zonas visibles y centrales. Si lo colocamos donde nunca pasa, simplemente no lo usará. Los gatos necesitan un rascador que esté donde ellos buscan.
También hay casos en los que el aumento del rascado puede indicar algo más. Cuando en casa hay varios mininos, o cuando aparece uno nuevo en el vecindario, es habitual que aumenten las conductas de marcaje, tanto con orina como con arañazos.
Es su manera de reforzar límites.
Y en otras ocasiones, sin querer, reforzamos el comportamiento. Si cada vez que rasca el sofá salimos corriendo, lo perseguimos o levantamos la voz, el gato puede interpretarlo como interacción o incluso juego. Sin darnos cuenta, le estamos dando atención justo después de rascar.
Por eso, castigar no solo no funciona, sino que puede empeorar la situación.

Cómo elegir un rascador sin complicarte
No me voy a extender demasiado aquí, porque ya tienes un artículo específico sobre cómo elegir el mejor rascador. Pero sí hay algunos puntos que conviene tener claros.

Lo primero es la estabilidad. Si el rascador se mueve o se cae cuando el gato lo usa, lo descartará rápidamente. Necesita sentirse seguro mientras estira todo su cuerpo.

El segundo punto es el tamaño. Debe permitir que el gato se estire por completo. Si es demasiado pequeño, no cumple su función.

En cuanto al material, muchos gatos prefieren superficies que ofrezcan cierta resistencia, como sisal o cartón grueso. Pero cada individuo tiene sus preferencias. Observar dónde rasca actualmente te dará pistas.

Y por último, la orientación. Algunos gatos prefieren rascadores verticales; otros, horizontales. ¿Un truco para detectarlo? Si siempre rasca la alfombra, quizá necesite uno plano. Si ataca el lateral del sofá, probablemente prefiera uno vertical.
La clave no es elegir “el más bonito”, sino el que realmente encaje con su comportamiento.
Dónde colocar el rascador para que lo use de verdad
Este punto es tan importante como el tipo de rascador.
Si el rascado es una forma de marcar territorio, el rascador debe estar en un lugar significativo. Es recomendable colocarlo en el centro de su territorio o en la habitación donde pase más tiempo.
Además, la conducta de rascado suele aparecer después de los periodos de descanso. Por eso funciona muy bien situarlo cerca de su zona de dormir.
Otro truco práctico es colocarlo justo donde ya está rascando. Sí, aunque sea el lateral del sofá. Si ese es el punto que él considera importante, colocar allí el rascador facilita muchísimo la transición.
De hecho, cuando los gatos necesitan un rascador cerca del sofá, los esquineros de brazo son una opción muy válida.
Para ayudar en el proceso, puedes usar hierba gatera o incluso marcar ligeramente líneas verticales en el rascador para hacerlo más atractivo visualmente.
Y si ya ha dañado una zona concreta, conviene limpiarla con detergentes enzimáticos para eliminar restos de olor y cubrir temporalmente la superficie con plástico o papel de aluminio. Esto reduce su atractivo mientras aprende a usar la alternativa correcta.
Es como si desmarcaras su territorio para que lo marque en el lugar adecuado.
Mi gato rasca por todas partes: ¿es normal?
En la mayoría de los casos, sí. Pero hay matices.
Si el rascado es constante, intenso y aparece de repente, puede ser señal de estrés. En hogares con varios gatos, por ejemplo, es frecuente que aumenten las conductas de marcaje cuando hay tensiones sociales.
También puede ocurrir si detecta gatos fuera de casa o si ha habido cambios recientes: mudanzas, obras, nuevas personas en el hogar.
En estos casos, no basta con añadir más rascadores. Hay que analizar qué está generando esa inseguridad y tratar de canalizarla hacia una superficie de rascado adecuada.
Si sospechas que puede haber un problema emocional o social, consultar con un veterinario especializado en comportamiento puede ser la solución definitiva.
A veces el rascado excesivo es solo la punta del iceberg.
Cómo conseguir que use sus rascadores y deje los muebles en paz
La estrategia correcta no es prohibir, sino redirigir.
En lugar de centrarte en lo que no quieres que haga, facilita lo que sí quieres que haga. Añade rascadores adecuados, colócalos estratégicamente y hazlos atractivos.
Evita castigos. No grites, no lo persigas y no uses métodos aversivos. Eso solo generará más estrés.
Si detectas que busca atención a través del rascado, asegúrate de reforzar con caricias o juego cuando use el rascador correcto, no cuando ataque el sofá.
Con paciencia y coherencia, la mayoría de los gatos aprenden rápidamente cuál es el lugar adecuado para rascar.
Conclusión
Los gatos no necesitan un rascador para “portarse bien” y lo necesitan porque forman parte de su naturaleza.
El rascado es marcaje, es ejercicio, es mantenimiento de uñas y es bienestar emocional. Cuando entendemos esto, dejamos de verlo como un problema y empezamos a gestionarlo como una necesidad.
Un rascador bien elegido y bien colocado no solo protege tus muebles. Reduce estrés, mejora la convivencia y respeta la biología de tu gato.
Y cuando respetamos su instinto, la convivencia mejora casi de forma automática.
Preguntas frecuentes
¿Es obligatorio que un gato tenga rascador?
Si vive en interior, sí. Necesita una superficie adecuada para expresar su conducta natural de rascado.
¿Cuántos rascadores debería tener?
Que los gatos necesitan algún rascador, está claro. Su número depende del tamaño de la casa y del número de gatos, pero en general es mejor tener varios en zonas estratégicas. Además, si son de diferente tipo te ayuda a averiguar su favorito.
¿El rascado puede indicar estrés?
Sí. Si aumenta de forma repentina o excesiva, conviene revisar el entorno y posibles cambios recientes.
Con bastantes años de experiencia conviviendo con nuestros amigos peluditos, Pedro genera contenido de utilidad sobre rascadores para gatos o, como él dice, ejerce de traductor del gatuno al humano.


